En «Confluencias», último ensayo de La cantidad hechizada se lee acerca de la animalidad: «...Un día le oí decir a uno de nuestros decimistas, al remontar un octosílabo: el alma se da en la sombra. Intuición coincidente con un teólogo que nos afirma que el hombre tiene que sentir como las plantas, pensar como los ángeles y vivir como los animales. Quizás en el otro extremo de la cuerda ocupada por el ángel, no esté la bestia, sino esa feliz coincidencia del otium cum dignitate del humanismo y el pacer de las bestias, ambos manifestaciones de la contemplación del cielo silencioso de los taoístas. El día que podamos establecer un esclarecimiento entre el ocio y el pacer, la verdadera naturaleza será habitada de nuevo, pues en ambos coexiste la espera de lo estelar, el mundo de la infinita abertura, pues la cabal relación del animal con su ámbito no ha sido todavía profundizada y desconocemos la manera como se establecen las interrelaciones del verbo universal, pero algún día el mundo de la gnosis y el de la physis serán unívocos...».