Fina García Marruz en «La poesía es un caracol nocturno» anota: «... La poesía busca un nuevo emparejamiento de la sangre con el espíritu, que –como en el anuncio angélico a la doncella– «cubre con su sombra» para generar un nuevo nacimiento, del cual el divino sería suprema imagen. Lejos de incomunicar estos dos reinos, Lezama partió desde un principio de la confianza en que sólo un sumergimiento en lo oscuro seminal sería capaz de lograr, mediante un trabajo de metamorfosis creadora, esta especie de identidad universal...». Por su parte, Benito Pelegrín en «Retórica de la oscuridad. Las vías del desvío en Paradiso» [Cf. la edición crítica de Paradiso preparada para la Colección Archivos de la UNESCO por C.Vitier, p. 621] «...Es de sobra conocido, cuando no entendido, el esoterismo de la obra de Lezama, su ética y estética de la dificultad, su gracianesco empeño de oscuridad grave y grávida que ha de dar a luz un deslumbrante sentido final, con tal que el lector se empeñe en vencer los obstáculos con los que el autor se complace en complicar su afán de comprensión inmediata. No entraremos aquí en consideraciones sobre la temática lezamiana de la oscuridad, sobre su filosofía de lo críptico: bastante (e insuficientemente) se expresó al respecto, y las más veces para descarrillar antes que para encaminar el sentido y el prurito cartesiano de inteligibilidad..»

«En Lezama la calidad oracular del estilo oficia como una suerte de reto emblemático. Ella constituye el umbral siempre desafiante a través del cual se nos propone la condición irreductible de la ficción o la ausencia de finalidad inmediata del estilo. Desde allí asistimos a la afirmación de una búsqueda que en las operaciones a un tiempo lúdicas y riesgosas de la metáfora puede celebrar el trayecto indomeñable de la imaginación y el deseo de saber en el descentramiento desatado por el uso metafórico del lenguaje. Ya se trate de la noche de la infancia en la que el azar acrece en la trama gozosa de los 'puntos magnéticos infinitamente relacionables' que están en la raíz del análogo metafórico –según leemos en el último ensayo de La cantidad hechizada »–, o de los instantes de extrema corporeidad en los que la fabulación exhibe la exigencia de peso en el sabor y oblicuidad del sentido –«narrados» en La fijeza– «la noche simboliza una de las escenas de más lírica patencia para la lengua...» Claudia Caisso La lengua altanera de Lezama: artesanía, areteia y hermetismo (en prensa en «Remate de males» Instituto de Estudos da Linguagem – UNICAMP, Revista do Departamento de Teoria Literária).

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