En «A través de mi espejo» Eliseo Diego anota: «... fue comerciante por azar, pero su corazón llenó su tienda de prodigios. Llamóse la Casa Borbolla aquel emporio de objetos de arte, muebles, joyas y, sobre todo, antigüedades. En un breve relato que titulé Historia de un anticuario he tratado de rendirle un homenaje que no podré acabar nunca a mi gusto...»