En «Esta tarde nos hemos reunido», conferencia pronunciada en 1959, Diego apunta: «...Pero si estamos ahogados de sueños, si no sabemos siquiera lo que hemos perdido, sabemos al menos qué nos queda. Nos quedan los dones. Con ellos nos echaron al polvo: no la tragedia, que es mentira nuestra, sino el poder de crearla; no las imágenes, sino la mirada. Cuanto en el hombre es noble y justo es despojo de su inocencia perdida (...) Ver un gato, mis amigos, es ver un gato. Es visión que bien podría hacerse insondable. Y mantenerse fiel a este único esplendor puede bastarnos.(...) Entre nosotros y un objeto dado se interpone una proliferante zarabanda de asociaciones, de tal forma que ver un jarro, y no un utensilio, una invención, un recuerdo, es casi una imposibilidad y una dicha. Pero quien sea capaz de ver un jarro en toda su virginal realidad no es un hombre de excepción; es simplemente un hombre como debieran ser los otros. Permitiéndomelo ustedes afirmaré que a esta facultad del alma corresponde una potencia del espíritu: la mirada. Es usual que hablemos de la infancia y su poética de maravillas. ¿No bastarán éstas para probarnos que mientras fuimos niños tuvimos todos el poder de mirar la prodigiosa realidad?...»

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