En el capítulo de Lo cubano en la poesía dedicado a Diego, anota Vitier respecto de este movimiento del poema: «...El amplísimo gesto noblemente oratorio, gravemente paternal, abarcador de los dones, define el tono y la solemnidad abarcadora del libro. Posesión como la del espacio, que tiene a las cosas en la luz cenital del redondo mediodía, pero él mismo es una tiniebla incalculable. Más tarde Diego se quedará con la penumbra sola, pero ahora la penumbra está en la tiniebla del sueño, levantando con la luz y el polvo las murallas de la resistente pérdida, inmóvil como un animal de resuello pétreo, rodeado por las bramadoras aguas. En ese sueño nombra las cosas con la autoridad del heredero legítimo, qué duda cabe, pero las cosas nombradas no caen flechadas ni se definen, sino que se hinchan como la madera bajo el agua y entonan `el canto llano de su pesadumbre...'.»

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