Como se sabe, el significado del detalle o de la es decisivo en la poesía de Eliseo Diego en tanto aparece muy fuertemente ligado al sentido que gana en ella el prodigio, la miniatura está ligada al valor de la maravilla o al «inventario de asombros» y ha sido rigurosa y minuciosamente trabajada, entre otros, por Aramís Quintero en el Prólogo a la antología editada por Ayacucho, «La sombra y el oro en el taller de Diego». En un pasaje de «Secretos del mirar atento: en torno a Hans Christian Andersen» de Diego se lee: «Dos veces al día el joven Andersen debía emprender la larga caminata: hasta la casa de su maestro y luego de regreso; y si a la ida se preocupaba con sus deberes de estudiante, la vuelta quedaba en cambio prodigiosamente libre. Pero no para soñar, como nos sería fácil imaginar sino para el simple, gratuito, absoluto acto de mirar tan sólo. No importa a qué figuraciones románticas al estilo alemán hubiese conducido el paseo a pie: Andersen las había hallado, las había visto, en el espacio que va del Canal de Holmen al extremo este de Almager (...) Una aguja rota al fondo de un arroyo, y sobre ella, allá en lo alto, ramitas, varillas girando, trozos de periódico, desechos: he aquí un enigma poético, es decir, una situación que al advertirla nosotros parece que va a cedernos un fragmento de la única respuesta anhelada ancestralmente desde lo hondo del ser, pero que en seguida se transforma a su vez, en interrogante, como toda buena respuesta de la Sibila..» [Cf. op. cit. pág. 312]