En «Secretos del mirar atento» [op. cit. pág. 316] se lee: «...en la mística el lugar cimero corresponde al «entender no entendiendo» propio del conocimiento de Dios. Sentemos entonces que la relación entre las visiones será siempre una relación jerarquizada, con absoluta subordinación de la visión poética a la mística. ¿Y esa relación, en qué consiste? En ver nada menos que el ser de las cosas visibles e invisibles, ya que sólo quien lo ha visto puede darles su nombre, que es el que en definitiva va a crearlas. Para el místico es una facultad que se regala por añadidura; para el poeta es el único, precioso don de su vida...»

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