La tenaz peripecia del vacío
y un plural cohesivo de ser que no se
escinde,
clinamen fértil, no el pleno número tardío
trama a cosas y a
dioses: una hebra hasta la linde…
De lo invariable lejos y del
distinto río,
la forma florece en lo que al vórtice se rinde,
y en la
misma miríada agitada
se pierden carne, hoja, piedra y nada.
«¿De qué sirve que a la vista,
hermosamente severo,
ni aun con la costa del llanto
deje gozar sus reflejos,
si locamente la mano,
si atrevido el pensamiento,
copia la luciente forma,
cuenta los átomos bellos?»
Sor Juana Inés de la Cruz
Nombre ahora cifrado en paradoja
de indóciles añicos, un cosmos sin
figura
que en la fronda lo múltiple deshoja
y al espectador segunda herida
sutura:
si arma letal o prometeico avío, aloja
el misterio del punto en
fuga que nos cura
del vértigo hacia arriba o abajo, de lo mismo:
la
isotopía palpebral de un solo abismo.