Cibersoneto 1

 

 

Candelabro y recuadros en el barro,

el psicopompo atiza martingalas,

la ínfula ardida del arcén exhala

el enigma del alma en un guijarro.

 

Atina entonces un trombón bizarro

a ensordinar los ayes del que jala

de sí mismo, cabito de luz mala

lastrándole a Caronte el despilfarro:

 

se aleja así, deslíe y rememora

el tacto exacto y turbio de las horas

en que injerto, abúlico, pendiente,

 

sentía el vacío entre los dientes 

y el virtüal rasguido desde dentro

como un mar primordial buscando el centro.
 

 

 

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